Envoltura, historia y síncope no es una biografía de Antonia Mercé, aunque no puede (ni quiere) huir de ella, porque su magnética figura articula este ensayo que se adentra en la transmisión —coreográfica y artística— de la memoria colectiva —cada cuerpo, en la danza, revela no solo un acervo cultural sino, sobre todo, el presente que lo afecta—. Pero la autora busca distanciarse de esa atracción icónica, de la fascinación que encierran su nombre y su baile, para proponer un recorrido afectivo que explore los caminos por los que el movimiento se transfiere de un cuerpo a otro. Bailar es siempre bailar otros cuerpos —asegura—, repetir y, al mismo tiempo, hacerse presente en la diferencia; ser capaz de interiorizar los movimientos de otros, de dejarse permear. Una capacidad extraordinaria que unía a la Argentina a otros artistas coetáneos como Federico García Lorca. Ambos fueron agentes activos de una escucha atenta hacia otros cuerpos y ambos sufrieron en el suyo propio las consecuencias del horizonte que se cerraba.


