Alex Llovet nos ofrece su trabajo de apariencia más documental, sin perder la mirada poética y el carácter conceptual que le definen: un proyecto desarrollado a lo largo de diez años, en los bosques que rodean su casa.
El bosque es el arquetipo del estado salvaje, representa lo indómito y como tal, a menudo se convierte en un lugar de huida, un refugio donde esconderse y mantener el anonimato. Por su oscuridad y su arraigamiento profundo, también simboliza lo inconsciente y un espacio mágico ancestral donde conectar con los poderes elementales que en él residen y reencontrarse con partes desconocidas u olvidadas de nuestro ser. En el bosque puedes escapar de la sociedad, pero no de ti mismo.


