Ferrol (A Coruña), 1953 Autodidacta. A los nueve años se traslada a vivir a A Coruña. Con quince años su padre, artista amateur, le regala una cámara Voigtländer totalmente manual para que fotografiase sus cuadros, dibujos y piezas de hierro forjado.
Más tarde emplea la fotografía como «chuleta» en sus estudios de Arquitectura Técnica, que jamás terminó. Nunca pretendió vivir de la fotografía, pero ahora no puede vivir sin ella. Le interesa lograr que lo cotidiano y lo ordinario resulte extraordinario.
Procura evocar, sugerir y hacer soñar al espectador. Amante de lo intemporal y de lo indefinido. Aprende a conseguir efectos en los defectos. No le interesan las modas ni las tendencias. Emplea el blanco y negro y el color de forma indistinta.
Cree que en el mundo de hoy falta poesía y que la tecnología no debería poder con las emociones. Es más intuitivo que intelectual y cree que el azar es más emocionante que la certeza.




