La obra se adentra en una comunidad costera que lucha contra el narcotráfico. Más allá de los retratos típicos del narcotráfico en Colombia, el proyecto ofrece una mirada personal y participativa sobre la resiliencia, la cultura y la interacción de las realidades.
Santiago Escobar-Jaramillo empezó a pensar en el proyecto en 2018: «Estaba en Bahía Solano, pescando con mi padre, mi hermano y mi tío, cuando el conductor de la lancha dijo ‘¡Uy, esa paca de droga, la pesca blanca!», refiriéndose a una barra de cocaína flotante. Los narcotraficantes pasan droga de contrabando a lo largo de la costa colombiana. Cuando son interceptados por la Fuerza Naval arrojan su cargamento al mar e intentan escapar. Los pescadores, que suelen buscar pargo, blackbait y langosta, pueden encontrarla. Algunos lo venden y utilizan el dinero para construir un segundo piso en su casa, un motor para sus lanchas rápidas o celebrar fiestas de una semana. Esto crea desequilibrios y aumenta el flujo de violencia, tráfico, corrupción y miedo en la zona».
