Santuario, aborda el cuerpo como espacio de exploración y placer. Mediante la imagen, Patricio Maldonado nos confronta con aquello temido y censurado por el pudor: los fluidos, convirtiéndolos en un elemento fértil de intimidad y reapropiación del cuerpo pero también del espacio. Entre sangre, semen y sudor, acallamos el asco y la vergüenza para transitar hacia lo irreverente y lo erótico. “Los fluidos que alguna vez temí se vuelven parte de mí; los embarro en los cuerpos, los convierto en pastel”, declara el artista.



